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lunes, 6 de abril de 2015

LO QUE HE APRENDIDO DE LAS CARRERAS DE LARGA DISTANCIA: VALORES, PRINCIPIOS Y HABILIDADES PARA LA VIDA PERSONAL Y PROFESIONAL.



Cuando dejé la práctica del baloncesto comencé a correr con el propósito de seguir manteniéndome medianamente en forma. Al principio fueron carreras de 5/10 km y después 21 Km. Había realizado varias medias maratones y sentía que mi reto no estaba en recorrer esa distancia en el menor tiempo posible, me atraía la idea de correr larga distancia. Cambié rutinas de entrenamiento, horas de entrenamiento e incluso alimentación para ir preparando el cuerpo para distancias que superarían los 42 km de la maratón.
A día de hoy ya he podido finalizar 2 carreras de  100 km y 5 de 50 Km.
El objeto que me lleva a escribir sobre este tema no es tanto hablar sobre mi historia deportiva sino sobre el poderoso aprendizaje que el deporte individual en general y el de las carreras de larga distancia en particular me ha aportado para desenvolverme en la vida personal y profesional.
Cuando uno afronta una prueba de largo recorrido sabe que va a tener momentos maravillosos en los que se va a disfrutar con el deporte, de los paisajes, de la compañía, donde el objetivo de llegar a la meta y de haber completado todos los kilómetros son un motivador aliciente para avanzar. Por otra parte también sabemos que habrá muchos momentos donde tocará sufrir física y mentalmente, momentos donde dolerán las piernas y puede que hasta aparezcan los tirones musculares. También sabemos que la cabeza cuestionará en más de una ocasión si lo que se está haciendo tiene sentido, si ese sufrimiento merece la pena.
Cuando el camino se empina y cuesta dar el siguiente paso, cuando el calor aprieta y la fuerzas flaquean, cuando un tirón te ha hecho parar y estás estirando, cuando la cabeza te dice una y otra vez que lo que estás haciendo no tiene sentido y no merece la pena continuar, cuando te planteas echar pie a tierra y parar ese sufrimiento físico y mental es cuando tienes que tener la cabeza más fría. Cuando esto sucede, cuando pienso que no puedo dar un paso más es cuando intento coger distancia para no permitir que mi mente tome las riendas sobre las decisiones. Son en esos momentos cuando pienso en el día que tomé la decisión de participar en carreras de larga distancia, en la ilusión y la motivación con la que afrontaba su preparación, las horas dedicadas al entrenamiento y el sacrificio personal y sobre todo familiar que supuso. Visualizas como será conseguir el objetivo y te ves entrando en la meta, piensas en todo ello y que por todo ello debes levantarte y dar un paso más, no abandonar y sobre todo que debes intentarlo porque te lo debes a ti y a tu familia. Tomas aire, te levantas y continúas, sabiendo que tendrás más altos y bajos durante el camino pero que el objetivo está más cerca.
Cuando finalmente cruzas la línea de llegada las sensaciones que se experimentan no pueden ser descritas fácilmente. Sabes que ese día te has superado una vez más, has demostrado que eres capaz de cumplir con lo que te propones y has vencido a la adversidad reforzando la autoestima. Has sido fiel a tu objetivo, no has abandonado, has sido disciplinado y honesto. Ese día eres un poco más fuerte, no solo has llegado a la meta, le has ganado la partida a la mente.
Si quitáramos la connotación deportiva y la sustituyéramos por nuestra vida personal o profesional la historia sería la misma y los resortes aplicados similares. Nuestra vida tanto personal como profesional es una carrera de larga distancia, sabemos que en el camino hay momentos estupendos donde nos encontramos cargados de energía y motivación, rodeados de gente maravillosa, donde la ilusión por iniciar nuevos proyectos aporta un aliciente a nuestro día a día. También sabemos que hay otros días donde nos duele la cabeza, el cuerpo y hasta el alma, momentos en los que la adversidad nos golpea, donde las cosas se complican y no encontramos fruto a nuestro esfuerzo ni sentido a lo que nos sucede. Entonces surgen dudas, la cabeza nos pregunta si tiene sentido lo que estamos haciendo e incluso nos planteamos abandonar, echar pie a tierra dejando que la mente nos venza dando una patada a nuestra autoestima.
Cuando esto sucede es cuando tenemos que coger la distancia que hacía mención anteriormente, parar y reflexionar. Hay que creer en los objetivos propuestos, en nuestra visión, no se puede permitir que un contratiempo dé al traste con nuestros propósitos e ilusiones y abandonemos a las primeras de cambio. Cuando más se complica una situación es cuando más tenemos que confiar en nosotros, confiar que merece la pena intentarlo una vez más, continuar con constancia, siendo disciplinados, perseverando en nuestro propósito. El tiempo nos demostrará que si continuamos en el camino, no desfallecemos y no echamos pie a tierra merecerá la pena, nos hará más fuerte y conseguiremos todo lo que nos hayamos propuesto.
El deporte individual me ha hecho ser disciplinado y constante, me ha enseñado lo que es el sufrimiento, la superación y los beneficios de aplicar la cultura del esfuerzo, he aprendido a planificar y gestionar el tiempo, fijar objetivos y conseguir metas,… En definitiva, he aprendido valores, principios y habilidades que no me han enseñado en la universidad o en la escuela de negocios.
Creo firmemente en esta filosofía de vida y en las ventajas físicas y mentales que aporta el deporte en general con independencia de la disciplina que se practique, y sobre todo creo en la capacidad que tiene para transmitir valores, principios y habilidades que difícilmente aprenderemos en otro lugar. Esta filosofía la he aplicado cada vez que he tenido ocasión de dirigir equipos deportivos, cuando he tenido oportunidad de dar charlas a padres y en el día a día con mi equipo de trabajo. Estoy convencido de los resultados positivos que de manera personal y colectiva podemos obtener.
Os animo a practicar deporte y a disfrutar de la vida. Why Not Try?.

jueves, 3 de junio de 2010

LA JOVEN MURCIANA QUE LLEGÓ MÁS ALTO

8.049 metros de altitud. Esa es la altura que alcanzó la murciana Lucía López, de tan solo 21 años, en su intento de convertirse en la europea más joven en coronar un 8.000 metros.

Solamente le faltaron 152 metros para hacer cima en el Cho Oyu. Pero además si ya es complicado alcanzar una altitud como la que realizó Lucía, aún lo es más cuando lo haces sin ayuda adicional de oxígeno.

Desde este rincón quiero darle la enhorabuena a esta campeona y desearle toda la suerte del mundo para futuros desafíos, que seguro que serán muchos. Desde luego recorrido por edad tiene.

En el entreno de hoy un total de 1 hora y 6 minutos de running para sumar 14 km. De momento sigo acumulando kilómetros a ritmos muy suaves y controlando las pulsaciones.

lunes, 31 de agosto de 2009

ISINBAYEVA. ¿QUIEN HABLÓ DE FRACASO?.

Estaba siguiendo en el último mundial de atletismo celebrado en Berlín algunas de las pruebas que me resultaban más interesantes, sobre todo aquellas en la que se preveían que se batieran récords del mundo. Entre ellas se encontraba la final femenina de salto con pértiga. Reconozco que me resulta una prueba "muy atractiva". Elena Isinbayeva, gran favorita y hasta la fecha quien había volado más alto en esta disciplina, se preparaba para renovar su cetro mundial contando con serias posibilidades de superar la altura de 5,05 del actual récord.

Contra pronostico tres nulos dejaron a esta deportista sin posibilidades de revalidar su título. Ante una imagen desoladora de Isinbayeva, abatida ante el fracaso y si encontrar consuelo, se proclamó campeona del mundo la polaca Anna Rogowska.

¿FRACASO.......?. Pues bien, Isinbayeva acudió una semana después de la finalización de los mundiales de atletismo a la reunión de Zúrich. En su primer salto alcanzó la altura de 5,06 batiendo el récord del mundo, situándose por delante de la campeona del mundo Rogowska que había dejado el listón en los 4,76.

Me vino entonces a la mente una cita que he podido leer recientemente en el libro "Entrenar el éxito" del exseleccionador nacional de baloncesto, Pepu Hernández. La misma, que a su vez está extraída de un informe del Club de Emprededores de la Universidad de Navarra, dice: "Los grandes deportistas, a diferencia de muchos empresarios, entienden el fracaso como parte de su trabajo. Desarrollan la capacidad de levantarse de sus fracasos y mirar adelante. No se dejan paralizar y tienen facilidad para encontrar la parte positiva".

En el día a día, debido a mi profesión, tengo ocasión de hablar en profundidad sobre la situación económica y financiera actual con empresarios y trabajadores de diversos sectores económicos. Muchos de ellos se encuentran en situaciones complicadas. Me he encontrado con personas abatidas, personas que han interiorizado lo que les sucede o la situación en la que se encuentran como un fracaso personal. Están bloqueados y gastan excesivo tiempo culpando a unos y a otros de todos los males, sin darse cuenta que están perdiendo un magnífico tiempo que se podría canalizar en la búsqueda de soluciones.


Esta misma manera de actuar podría hacerla extensiva a compañeros de profesión, e incluso por no hablar solamente de terceras personas, podría aplicármela a mí mismo.

Verdaderamente ante situaciones que nos sobrepasan o que percibimos como amenaza o fracaso nos bloqueamos, entramos en un circulo que no nos permite mirar al futuro con claridad. Nos envuelve el pesimismo impidiéndonos extraer lo positivo de la situación que nos posibilite seguir desarrollándonos y creciendo. No entendemos como parte de nuestro trabajo el fracaso, no buscando en la adversidad la oportunidad, sino el desconsuelo, el lamento y los culpables.

CUANTO TENEMOS QUE APRENDER DE ISINBAYEVA.